Una mujer que se quería

   



   Una oscura frialdad devastadora de huesos recorría la casa y, ella no tenía ánimos para ir tras los fósforos a acalorarse entre una odiada cocina que sentía haberle consumido la juventud, así que se mantuvo buscando calor hasta decidir sumergirse en las mil sabanas cubrídoras de los viajes nocturnos. Cuando los ojos pesados como un yunque caían sólo podía ver caramelos de colores levitando en la habitación y, aunque la lluvia le bañaba el cuerpo de un frío mortal, sintió un fuego ardiendole en lo profundo del vientre. Oculta cada vez más en las sabanas entre una danza con morfeo fue lanzando una a una su ropa en el cuarto y, cuando le tocó el turno a la pantaleta, antes de quitársela la halo tan fuerte para capturar la sensación de aquellos escajes rompíendole la piel del sexo regalando un sordo gemido a la almohada.
   La lluvia estaba tan fría que nadie se atrevía a andar en la calle, era un día para pasarlo sentado en la ventana cubierto por telas gruesas, tomando té caliente, viendo las gotas estallar en el asfalto. Por un instante se vio expiando a su vecino, como en los días dorados cuando el sudor pegajoso abriendo caminos por la espalda no dejaba otra opción que adherirse a la ventana como de costumbre, pero sus pequeños pies demasiado helados le impidieron lanzarse a la aventura. Cuando llueve no existe la necesidad de salir a regar el jardín, pensó, mucho menos sin camisa como el vecino santiago de treintena de años, casado, con dos hijos y con unos bipces de luchado griego. Él solía permanecer desgranando el agua sobre sus plantas por las tardes después que la luz solar se diluyera en la inmensidad del cielo, bañando la ciudad de un festín multicolor. Había perdido la cuenta de las veces que se lo imaginó empapado tocando la puerta de su casa en busca de asiló bajo la tempestad, ella ensayo una escena donde saldría en ropa interior pidiéndole perdón por las fachas y dándole alguna toalla seca. Le diría quiere usted café con un tono sensual, té o algo más hiendo tras lo ofrecido con un desorden en el trasero. Él, entraría a la sala, disculpándose por interrumpir, diciendo que dejo la llave en su casa, no tenía como abrir y sus esposa había ido a visitar a la suegra con los niños. Después de un tiempo decidió suprimir las palabras, ser de una vez tomada por él entre sus enormes brazos le resultó más excitante, alzada con facilidad y estrellada contra la pared mientras lo envolvía con sus largas piernas siendo besada. Ella, haría una expedición soñada por su cabello castaño, siempre lo había deseado, luego iría deambulando con los dedos por sus brazos, presionando y arruñando. Él, sin duda la amasaría entre las manos como una arcilla suave, tierna y cálida. También se pudo ver en la cocina preparando café con las mejillas encendidas, usando su camisa sin ropa interior y con un pálpito dentro de sí que la hacía terminar cada oración sonriendo. Él la recibiría en su cama envuelto en las sabanas que ella lavaba cada domingo devotamente, con una pierna desnuda en el piso, tan firme como los bipces y con una mano sobre su sexo, esperándola, con la armería preparada para otra batalla a quema ropa, decidida se lanzaría a cabalgar en viril miembro de su vecino, que ni en la mente del hombre cabía las pasiones vibrando en la piel de su compañera de vecindario.

   Maria Jose Flores era una mujer de edad joven pero desgastada por un esposo borracho y arduas labores de una casa que jamás sintió suya, o como solían llamarla los niños en la comunidad Señora Mari Jo. Nunca en su infancia tuvo tiempo para pensar que a los veintiocho años alguien le diría señora. Casada, sin hijos, con un marido vampiro que le había chupado su juventud y ahora la tenía en cautiverio lejos de todo. Hijo de panaderos portugueses Emmanuel encontró a la familia de Maria cuando está por sus poros transpiraba lozanía, pura inocencia y colágeno, él, hombre recorrido y fiestero llevaba en su expediente un historial de mujeres que lo habían dejado por machista. - Esa es pura envidia - decía el padre de mari jo que aparte de compartir similitudes con su futuro nuero también poseía un fanátismo por los sancochos y las cervezas durante los domingos. En un tiempo donde el país pasaba por una crisis económica llego el hombre a la familia de campesinos, ofreciendo una cantidad incontable de cabezas de ganado por la mano de su joven hija en matrimonio. Ella sorprendida por el buen verbo del hombre y debido a que un domingo por la noche, mientras sus padres caían abatidos por el cocuy de penca, corrían los dos a mitad de la oscuridad para el rio donde emmanuel el mujeriego hizo germinar la semilla de la pasión entre tanto verano, cubriéndole la piel de una primavera que hasta del cabello le brotaron flores silvestres. La niña maria con buen plante supo manejar la situación para que le dieran el anillo y, como si de amansar un caballo salvaje se tratase controló al hombre hasta que llegará la boda sin imaginar que la noche después de casarse su esposo caería en el suelo tendido por el alcohol. Deseando así haberse quedado en el pueblo con su gente y no irse a la ciudad. Lo que si estuvo dentro de su cabeza fue que hubiese resultado mejor partido iniciarse sexualmente con un campesino de la hacienda, que le regalaba dulces a las espaldas de sus padres y, quien le acariciaba los senos por la ventana de su habitación mientras se tocaba el pene, aunque esté no la hacia humedecer tanto como las palabras mágicas de su ahora esposo. 
   Los primeros días de haberse casado, el marido terminaba borracho todas la noches, ella limpiando la casa y cenando sola, cotemplando el cuadro deprimente que le habian pintado de su vida. Poco a poco se le fue pasando la magia de la calentura por las palabras, el verbo y los ojos incendiados que tenía emmanuel para seducirla que cogió una botella de ron, la preparó con una hierbas que conoció en el pueblo y, se armó de corraje para impedir llegar a la primera vez con emmanuel que cuando se acercaba para animarla, ella lo dejaba sin sentidos por el brebaje. El tiempo se convirtió en deseos de matar al marido para quedarse con el dinero heredado por sus padres pero como era temeraria para algunas cuestiones, dejo que la muerte llegara sola sin apuro aunque implicará que sus flores se secaran con los años. Su esposo nunca consumo el matrimonio y, ella comenzó a verlo como un padre porque la diferencia de edad se lo murmuraba al salir juntos. Hasta que se descubrió mujer por las telenovelas que comenzó a ver por televisión cuando emmanuel salía a atender los negocios, también descubrió que no necesitaba ningún hombre para hacerse humedecer y desde ese día nunca más estuvo seca.
   Se contemplo como una planta que ella misma comenzó a cuidar, regar y acariciar. Por las mañanas al quedar sola en casa encendía el televisor y viendo los galanes de telenovelas se perdía en su imaginación logrando estallar con cada caricia suya. Creó una ruta que recorria cada dia en silencio, experimentó las diferentes temperatura que podía tomar su cuerpo y descubrió un par de segundo donde el alma parecía escaparsele. Las piernas le temblaban cuando las ñemas de los dedos le acariciaban el vientre, la respiración se entrecortaba y su voz se volvía un gemido. Maria jose se hizo mujer entre sus manos suaves, calidad y rosagantes. En ocasiones permanecía inmóvil como un árbol frente al espejo escuchando lo que le decía el cuerpo, mientras un calor tremendo le recorria la ruta imaginaría. Lo que nunca estuvo dentro de ella fue que acabarían esos días de expedición sobre si, aquellos largos viajes llegarían a su fin cuando el gobierno federal emprendiera para el mes mas caluroso de año una campaña de razonamiento eléctricos y, debido al cambio climático la ventana se convirtió en el atractivo mas deleitante para pescar aire fresco. Como un gato saltaba del sofá a el ventanal al irse la luz, lanzaba las piernas cruzándola en el aire y mientras se abanaba miraraba el día despedirse. Ella pasaba horas enteras sentada esperando ver el farol del postel eléctrico encenderse, señalando que la luz había llegado con fuerza y no se marcharía. Así fue que conoció al vecino cuando pensó que veía un producto de su imaginación. Una melena castaña que la brisa despeinaba se alzaba en el jardín del al frente, dando pasos entre los arbustos emergió una piel canela de brazos enormes, con un sendero que crecía en su pecho atravesandole los pronunciados pectorales y escondiéndose por su sexo, sosteniendo una manguera que bañaba las plantas apareció el vecino Santiago Castillo, protagonista de su propia novela. Desde ahí su amor platónico tuvo rostro trigeño y, no necesito al galán de la novela de la una, ni de las dos y mucho menos de las tres. El vecino se convirtió en la imagen detonadora de los orgasmos que coleccionaba en su cuarto secretamente, entregándose de mil formas imaginarias llego a pensar que montado en un caballo de color blanco iría a salvarla del verdugo de su marido.
   Cuando las pieles áridas, resecas y frías de mari jo tuvieron contacto con lo terso, ávido y brilloso de su vecino fuera de lo efímero y surrealista de sus sueño, ella pensó que andaba entre los más profundo de uno de ellos, donde exhorta de la realidad pasaba la mayor parte de su tiempo libre. Ese día dejó una mirada de ardiente deseo suspendida entre la de Santiago, después se sintió en evidencia, se vio con sus carnes al descubierto y por dentro comenzó a erupcionar en lo opaco de su alma. Hasta que de forma inesperada los capullos que solía cuidar florecian sobre la lava mas caliente de sus pasiones. Poco pudo decir en el momento que su vecino sonrió, más por incomodidad de permanecer en la mirada de la señora maria jose como él le decía,  a estar sosteniendo el cuerpo pesado y grasiento de su marido ebrio. Cuando aquella mujer logró salir del asombro de tenerlo tan serca era muy tarde, debido a que santiago se encontraba detrás del jardín sacudiendo una mano por encima de los arbustos. Ella, que de forma psicópata, había guardado aquella sonrisa perfecta y ese aroma de café recién colado que emanaba Santiago Castillo en la profundidad de su memoria, y así recurrir a ese recuerdo en sus horas de soledad para columpiarse en él como si fuera una niña.
Desde ese día se convenció en conquistar torpemente aquel hombre casado, dándole uso al colchón que tenía relleno de dinero en casa, empezó a salir de shopping como decían las jovencitas de la ciudad. Se compró vestidos, maquillaje, perfume, ropa interior con encajes y se hizo adicta a los programas de bellezas. Su marido aturdido por la belleza renaciendo en la esposa se imaginó que tenía un amante, por lo que fue habitual verlo pasear por el vecindario con ramos de flores y chocolates para Maria José, que se dedicó con más fuerza a la preparación de brebajes para emmanuel.

   Después que paso la temporada de lluvia, mari jo pensó que le gustaba mas la llovizna, puesto que entre las gotas pequeñas que caían sobre el asfalto siempre venía una regordeta que opacaría el caer de las otras, cuando llueve fuerte Santiago no sale a regar sus plantas, se dijo, cuando llovizna se asoma por la ventana y al poco rato se ve por los matorrales con una enorme taza de café viendo la calle. Más de una vez se pregunto si ese hombre de perfil atlético se habría dado cuenta que ella lo vigilaba, que se escondía detrás de la cortina y mientras se oprimía un seno se lo imaginaba tocando la puerta. Un día donde ella con libro en mano estaba sobre la ventana él la veía, poco tardo para encontrarse con la mirada del vecino y en un sobresalto de timidez dejar la dentadura en el aire. Se miraron por largo rato, ella devorándolo mientras llevaba una uña a sus dientes, él como si nada tuviera en la mente con la taza de café en los labios. En el vecindario se sabia todo sobre sus habitantes a excepcion de maria que daba la impresion de ser una mujer recatada pero en su cabeza no escapaba sin ser asaltada por el vecino. Decían de Santiago, hombre dulce, sincero y de expresión honesta que se habia casado con la mujer equivocada. Que lo despreciaba por no tener bienes tan valorados como otros maridos, tal vez, como el de maria. Que la profesión de maestro y jardinero no sacaba a nadie para adelante. Razón que lo condujo a quitarle tiempo a sus plantas y, se inscribio en un gimnasio donde recientemente cumplía dos años, para asi escapar de la tension ocasionada por su esposa. Era buen padre, buen esposo y buen amante se corría el rumor entre las ancianas del vecindario. Lo contrario al esposo de mari jo que la mayor características que poseía era el dinero producido por la panadería que dejó la crisis en el país después de haber tenido una en cada estado, lo tacaño y lo fiestero que fue. Emmanuel y Santiago jamás llegaron a ser amigos, lejos de eso solían intercambiar saludos por pura cortesía cuando se veían por el vecindario, la conversación mas larga que pudieron tener fue una vez que emmanuel llevaba rosas rojas para su mujer y Santiago se encontraba podando con delicadeza sus plantas. - Para avivar la pasión - dijo el jardinero con interes de ser amable sin recibir respuesta apartando el gesto de perro con rabia que emmanuel decidió tragarse para estirar los labios con desdén. Son una flores muy especiales, delicadas y femeninas. - Realzan la belleza de una mujer con piel blanca, cabello negro y ojos como la noche - El tosco emmanuel sintió curiosidad por lo que decía su vecino y se detuvo mientras hablaba, aunque tuviera la fama de buen verbo, era una cualidad que solo obtenía cuando tomaba algún licor espirituoso, disparándole las hormonas y así su instinto animal se conectara a la razón. Ese día compartieron un café a la vez que mari los contemplaba desde la ventana comparando las similitudes de aquellas dos espécimen, que siendo honesta no se extraño por la atracción hacia su vecino quien tenía muchas cualidades que su esposo ni se acercaba. Se reprochó por tener un esposo con la pansa tan redonda como una mujer embarazada de trillizos, por la tosquedad con que ese hombre se rasgaba el sexo y luego se limpiaba el sudor de la cara e imaginó que si lo hiciera Santiago no tendría nada de malo porque la virilidad que desempeñaba en su mente la recompensaba. Luego, los dos hombres se despidieron y ella corrió a la cocina. El vecino le había recomendado a emmanuel que las mujeres preferían tener un rosal en casa que unas flores marchitadas en menos de una semana, le regaló una de su jardín y lo invitó a pasar por su vivero en el centro. Emmanuel se sintió ganador por un instante porque su esposa emocionada puso el pequeño rosal en la ventana sin preguntar de donde salió y, comenzó a cuidarlo con devoción. 

   El viernes por la noche de esa misma semana una lluvia helada caía sobre el vecindario country club, deambulaba maria jose por su casa casi como un espanto cubierta por una larga bata de seda que había comprado cuando la seducción se le avivó, no llevaba ropa interior, preparó té para dos noches seguidas y se abrazo sobre el mueble con el frío. Un silencio suspendido en casa le advirtió que algo pasaría. La puerta exploto interrumpiendo el humo que emanaba de su té. Era emmanuel caminando en un espiral continuó que lo condujo a la habitación hasta escuchar un golpe seco recorriendo la casa, no tuvo ni el mínimo interés por verlo, miró la puerta principal que su marido había dejado abierta y cuando se levanto para cerrarla con una pesadez hostil en el cuerpo, como si la noche escupiera personas entró Santiago Castillo cerrándola, se quito la chaqueta mojada y la dejo en el perchero. Dijo que estaba con sus esposo en un bar, que se paso de trago y no le pareció muy amable dejarlo venir solo aunque fueran unas cuadras. Tenía el cabello mojado, aplastado y se llevo la mano para despeinarlo. Ella disimulando el asombró lo invito a pasar diciendo que entró en el cuarto y le parecía haberlo oído caer, le ofreció té caliente y Santiago lo aceptó con agrado. Buscó una toalla mientras él se quedo recorriendo la sala, para cuando regreso, Santiago tenía el rosal entre sus mano y la felicito por cuidarlo tan bien. Ella se acerco temblando para secarle el cabello con ternura, también paso la toalla por la cara del hombre y fue quitándole la ropa húmeda sintiendo que se secaba al hacerlo. Recitó un largo monólogo de las enfermedades que se puede adquirir por tener la ropa humeda, la voz le corría al acercarse al hombre y las manos no se detenían. Él la miró de cerca, pudo contarle las pecas en el rostro, admiró lo rojo de sus labios y sentir como la respiración se le aceleraba. Estuvo tan cerca hasta que pudo respirar su aire. Santiago, la observo frágil, indefensa y tierna. Vio lo firme de sus pezones a través de la seda que la bañaba, sintiendo una criatura hambrienta golpeandole la entre pierna y se contuvo de tocarla porque ardía de imaginarlo. Ella, lo tuvo tan cerca como en sus sueños, el aroma del café sufrió una metamorfosis, ahora olía a tabaco. Él se quito la sudadera dejando ver los bipces que iluminaron los ojos de mari jo, ella trago fuerte para contenerse, de pronto en un arrebato al tiempo, santiago la apretó contra su cuerpo plantándole un beso tan húmedo como estaba su sexo. Las manos danzaron toda la noche yendo de un lado a otro, recorriendo la ventana donde ella se convirtió en vigilante, de una esquina a otra la consumieron como sus cuerpos. Maria se rompió ante el hombre que había soñado, voló, levitó y estallo en millones de partículas que se pegaron a las paredes al igual que sus gemidos. Y por vez primera se sintió completa aunque se diluyera sobre los muslos del vecino, lo lamió y beso hasta que sus piel tuvo el sabor de él. Cuando el sofá los acogió hechos polvo por la faena Santiago soltando suspiro al aire encontró el sueño, acostada en el pecho de aquel animal savaje escuchó los latidos de su corazón y caminando por el sendero de vellos sobre él con los dedos retuvo el calor de su amado. Él despertó para poseerla nuevamente mientras ella se abría como la noche, sujetándose a su cabeza para no caer en la cabalgata. La noche dejo a mari jo tejiendo una manta con los hilos de las diferentes sensaciones experimentadas, las aprisionó con gran recelo en su memoria y se quedo plácidamente dormida mientras veía el techo dando vuelta.
   Al día siguiente se desperto desnuda sobre el sofá ebria de sexo, sin saber donde habia dejado la bata, fue a sus habitación en busca de ropa, casi dormida abriéndose los ojos con los puños. Entrando piso algo frío que se abría camino por todo el cuarto, pensó que la noche anterior dejó la ventana abierta y el agua de la lluvia había entrando con ayuda del viento, por lo que no se alarmó. La habitación estaba cubierta de una oscuridad que le recorrió el cuerpo mientras lo cubría con telas, dio salto hasta la ventana para correr la cortina y, encontrar el balcón seco sin una gota de agua. Se acerco al barandal contemplando la calle también seca, un hilo de sangre le atravesó los pies, rápidamente llevó una mano a su sexo, se volteó dejando al aire un suspiro que le desordenó el cabello.

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